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  • Alberto Rivera

Los datos son los datos

Actualizado: 16 de ene de 2019

Es determinante que estemos bien informados sobre lo que realmente está pasando con el lago. De eso depende el futuro de un Atitlán Azul (por cierto, ya no es azul, hoy es turquesa, y eso dice mucho sobre el deterioro de la calidad de sus aguas).  

Como para muchos, una lectura larga es para después, al día de hoy estas son las conclusiones de los científicos:

  • el lago tiene un problema de nutrientes relacionado con el fósforo y el nitrógeno

  • existe una alta y creciente concentración de fósforo en el agua del lago

  • los niveles de oxígeno en el fondo de Atitlán han disminuido constantemente desde la década de 1970

  • los efectos indeseables causados por la eutrofización de las aguas serán más graves en los lagos tropicales que en los lagos templados

  • las aguas tratadas no deben ser vertidas al lago

  • para las poblaciones urbanas, recolectar las aguas residuales y exportarlas es la solución apropiada

Para estar bien informados es necesario medir, cuantificar, verificar y, sobre todo, cotejar los hallazgos sobre el estado del lago con una comunidad de estudiosos que se dediquen a esto para así llegar a un consenso sobre la interpretación de esos hallazgos. Eso es hacer ciencia. 

Ese conocimiento científico que explica la realidad, cambia en la medida en que las observaciones, los experimentos y las verificaciones de los investigadores desvirtúan o refutan las narrativas anteriores. En este caso, hay un equipo estelar de más de 12 científicos especializados en calidad del agua, ecotoxicología, hidrología, ecología acuática, limnología, ingeniería ambiental, ecología béntica, bacterias heterotróficas y otras especialidades, que están activamente recopilando datos, cotejándolos y reinterpretando las teorías (las historias) que tenemos sobre el lago Atitlán. 

Estos científicos han hecho presentaciones frecuentes de sus hallazgos en foros alrededor del lago y en la capital, abriéndose al intercambio con quienes adelantan investigaciones y proponen una crítica constructiva.

Florecimiento de cianobacteria en el 2009

Lo más relevante de la información que se tiene al día de hoy es que la proporción de nitrógeno a fósforo en el lago es baja, lo cual crea un ambiente favorable para el crecimiento de algunos tipos de cianobacterias. Así mismo, que mayores cargas de nutrientes que producen un mayor crecimiento de algas y bacterias, combinadas con la carga de sedimentos de la cuenca son responsables de la disminución de la transparencia del agua del lago. La transparencia del agua de Atitlán es ahora un 50% más baja que a fines de la década de 1960 (Weiss 1971). En general, la disminución en la transparencia del agua, los aumentos en TN [el total de nitrógeno] y TP [el total de fósforo], y la presencia de cianobacterias formadoras de florecimientos indican que el lago ha pasado de un estado oligotrófico a un estado mesotrófico o casi eutrófico (con exceso de nutrientes o dicho de otra manera, altamente contaminado). Los estados cambiantes indican que el lago tiene un problema de nutrientes relacionado con el fósforo y el nitrógeno.


Es decir, si existe una alta y creciente concentración de fósforo en el agua del lago. Y el consenso de los científicos siempre ha sido que el exceso de fósforo es responsable de los florecimientos de cianobacteria y esto ha sido reforzado con los florecimientos del 2015 y 2018, años estos en que el lago se mezcló y la concentración de fósforo en las capas superiores del lago más que se triplicó (estuvo por encima del límite de 8 micro/L que se necesitan para fijar el nitrógeno.


De otra parte, tanto la literatura como los datos más recientes de los monitoreos del lago indican que los niveles de oxígeno en el fondo de Atitlán han disminuido constantemente desde la década de 1970, cuando todo el perfil de profundidad solía estar oxigenado. Las capas inferiores anóxicas (sin oxígeno presente) se han registrado repetidamente desde el 2013, con la excepción de febrero-mayo del 2015 y febrero-abril del 2018 luego de la mezcla del lago. La profundidad de la hipoxia (O2 <2mg/L, una condición que conduce a la muerte de peces) ha aumentado y la hipoxia se ha registrado frecuentemente desde 100 m de profundidad. La disminución en el oxígeno en el fondo de Atitlán también se documenta al disminuir la cantidad y la diversidad de invertebrados bentónicos documentada por muestreos repetidos del 2010 al 2014.


El oxígeno en los lagos tropicales profundos es un factor crítico para su protección y manejo. Tres factores hacen que la retención de oxígeno en aguas profundas de los lagos tropicales sea más difícil en comparación con los lagos templados: 1) la larga duración de la estratificación; 2) menor capacidad del agua para mantener el oxígeno a temperaturas más altas; 3) Tasas más altas de metabolismo microbiano a temperaturas más altas. Juntos, estos tres factores magnifican la influencia de cualquier enriquecimiento orgánico de aguas profundas (Lewis 2000). Por lo tanto, los efectos indeseables causados por la eutrofización de las aguas serán más graves en los lagos tropicales que en los lagos templados. Cualquier lago tropical que contenga oxígeno en aguas profundas como condición natural (como lo hizo el lago Atitlán hasta los últimos años) debe protegerse con especial cuidado para mantener estas aguas profundas oxigenadas. La conservación del oxígeno es un principio de manejo aún más importante para los lagos tropicales que para los lagos templados (Lewis 2000 Lakes & Reservoirs: Research and Management 5: 35-48).

Además, las plantas de tratamiento de aguas residuales, a pesar del alto costo de operación y mantenimiento, no eliminan por completo el nitrógeno, el fósforo ni los patógenos, de manera que los científicos recomiendan que las aguas tratadas no deben ser vertidas al lago. Por esta razón es que se plantea el trasvase o la exportación de las aguas residuales por fuera de la cuenca. 

Es posible que el Plan Maestro para el Manejo Integral de Aguas en la Cuenca de Atitlán sugiera el uso de inodoros secos y otros sistemas de tratamiento para heces y orina de las poblaciones, en particular las más dispersas, pero todo parece indicar que para las poblaciones urbanas, recolectar las aguas residuales y exportarlas es la solución apropiada.


Los agroquímicos tóxicos que entran al lago también son preocupantes. Muchos de estos químicos trastornan el sistema endocrino y conducen a una variedad de resultados adversos para la salud, y algunos son carcinogénicos. El trabajo sobre estos químicos en el lago Atitlán apenas comienza, y se necesita trabajo adicional para caracterizar los riesgo de salud e identificar las fuentes de contaminación.

Estos son los resultados de cientos de muestras de agua, de mediciones de concentración de nitrógeno, fósforo, metales pesados, agroquímicos, de estudios especializados que investigan el efecto de esos insumos en las bacterias, las plantas acuáticas, los peces, cangrejos y moluscos. Además, hay otra serie de estudios en paralelo que redondean la imagen del estado del lago.

Si alguien ofrece una perspectiva alternativa, hay que preguntar con que datos nuevos cuenta, que investigaciones adelanta o soportan sus afirmaciones para cotejarlas con las de estos investigadores y sus resultados.


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