• Alberto Rivera

Lo hago por mi, lo hago por mi gente

Actualizado: ene 4


Q18,818,800,000 adicionales para enfrentar la crisis del COVID-19, representan más de una cuarta parte del presupuesto de la nación. Estos fondos entran al espacio opaco de la falta de transparencia y ya se sienten los resultados. Sin embargo, los ciudadanos podemos reducir el riesgo siguiendo las recomendaciones mínimas de bioseguridad.


¡Ya basta!

Estamos cansados y molestos con el aislamiento. Son 10 meses de incertidumbre, de bolas, de angustias, de limitaciones. Y como si fuera poco, constantemente oímos la recomendación de que no hagamos lo que nos sale más espontáneo y natural: acercarnos a los demás, darnos la mano, darnos un abrazo, sentarnos juntos a la mesa, compartir momentos con la familia, los amigos y los vecinos. Y si nos encontramos con alguien en la calle ni siquiera podemos ver su cara para confirmar con sus gestos y guiños lo que dice.


Al principio era algo que pasaba en la China, demasiado lejos como para preocuparnos. Luego llegaron las noticias de Milán, siguieron las de Nueva York y pronto de todo Estados Unidos. Un fin de semana a mediados de marzo supimos del primer muerto en Guatemala y aparecieron los primeros contagios. El lunes por la noche, el presidente Giammattei nos informó que para controlar el contagio del COVID-19, se suspendían las actividades laborales públicas y privadas, no habría transporte, quedaban prohibidos todos los eventos, se cerraban los centros comerciales, los restaurantes, los bares y las fronteras. La instrucción era que nos quedáramos en casa.


Quedamos atónitos, paralizados. Supimos que los mercados y tiendas seguirían funcionando, que los bomberos y la policía también. Aprendimos cuáles era los trabajadores esenciales y supimos que tenían permiso especial para seguir con sus labores. Algunos privilegiados comenzaron el teletrabajo, muchos otros simplemente se quedaron sin trabajo. Y una gran mayoría que se ganaba el sustento en la calle vendiendo y comprando de manera informal se pusieron las mascarillas que ordenó el gobierno, pero siguieron en la lucha diaria de ganarse lo del gasto pues no podían darse el lujo de quedarse en casa.


Responden las autoridades

Rápidamente como “emergencia nacional” los diputados aprobaron un préstamo de US$450 millones, luego una ampliación presupuestaria de US$1,400 millones con Bonos del Tesoro y un par de meses después otro préstamo de US$549. Con esos US$2 mil 444 millones se iba a asegurar un ingreso a los trabajadores y un sustento a las familias más necesitadas, se iba a fortalecer el sistema de salud y apoyar las empresas que tuvieran que suspender su actividad y a reactivar la economía apoyando las PYMES.


No obstante, los ciudadanos no han sentido el alivio de estos fondos extraordinarios, la actividad económica se ha visto reducida de manera importante, el sector de servicios (en particular los relacionados con el turismo) opera en su mínima expresión, el sistema de salud presenta grandes deficiencias, no habrá vacunas sino hasta febrero o marzo y en cantidades limitadas, la corrupción es rampante y Giammattei no rinde cuentas.


El hambre, la enfermedad y la muerte de sus conciudadanos siguen siendo una oportunidad de negocio para nuestros gobernantes y sus legisladores.


Lo aprendido

Sin embargo, el contagio sigue su curso y a la primera ola, le ha seguido la segunda y tal vez estemos en la tercera. Se espera que en Guatemala el 2020 terminará con cerca de 5,000 mil muertos por causa del COVID-19.

La mayoría de los alcaldes y autoridades locales han respondido con lo que tienen y lo que saben: un llamado a la disciplina y la responsabilidad de los vecinos para que salven vidas usando las mascarillas, manteniendo el distanciamiento físico, evitando las aglomeraciones y lavándose las manos regularmente.


Aunque las vacunas y las medicinas que permiten manejar de mejor manera la enfermedad representan avances importantes para manejar el contagio y la enfermedad, la realidad es que, en Guatemala y el resto del mundo, las mascarillas, el lavado de manos y la distancia física y la distancia social serán la norma durante todo el año 2021 y tal vez en el 2022.


Y es que lo que tenemos claro es que el virus del COVID-19 se dispersa en micropartículas como el humo de un cigarrillo. Si estamos al lado de un fumador contagiado en un cuarto pequeño con las ventanas cerradas estaremos respirando virus. Esto es muy diferente si estamos al aire libre con el viento soplando y a 2 metros de distancia del fumador. Al visualizar así el virus, entendemos lo sencillo y práctico que es reducir el riesgo manteniendo la distancia física, usando mascarillas, evitando espacios cerrados y aglomeraciones de gente.


Hoy sabemos que el contagio por contacto de superficies no parece ser tan importante. Sin embargo, la recomendación es que, en general, nos lavemos las manos frecuentemente y, sobretodo, antes de tocarnos la boca, la nariz o los ojos.


El usar mascarillas y mantener la distancia física de 2 metros, no sólo es una opción individual para evitar el contagio sino que es clave para el bien público. Es un aporte indispensable que la mayoría estamos haciendo para el bienestar de toda la comunidad.


La invitación a quedarnos en casa salva vidas. Así de sencillo.


La riqueza de la tradición en las telas se vuelca sobre las mascarillas.
En la Reserva nos protegemos todos

Y las vidas que salvamos son en primer lugar las de médicos, enfermeras y bomberos, así como las de los trabajadores esenciales. Es decir, estamos protegiendo la vida de quienes nos pueden salvar la vida y de quienes hacen posible que podamos conseguir comida y las cosas indispensables para vivir.


Pero claro, siempre tenemos muy presente que quedarse en casa no es una opción para más de la mitad de la población que se ve obligada a salir a la calle y ganarse algo para conseguir comida. O son personas que quedaron sin trabajo, sufrieron los embates de dos huracanes o peor aún, se contagiaron con COVID y lo han perdido todo. La solidaridad de los guatemaltecos con estas personas es literalmente de vida o muerte.


Nuevos hábitos

Para otros más afortunados, pero hoy cansados y aburridos del encierro, la invitación a quedarse en casa significa que no debemos salir excepto para ir al trabajo, a la farmacia o al mercado.


Esto es la tan mentada distancia social. Se trata de no salir a menos que uno tenga una necesidad ineludible. Se trata de cambiar los hábitos, de planear con más cuidado lo que hacemos. De ser posible, hacer las compras para toda la semana o más tiempo y usar las nuevas opciones para hacer pagos y gestiones por internet. Estar atentos a nuestro alrededor para evitar lugares cerrados, aglomeración de gente, eventos de cualquier tipo. O sea, dejamos de “visitar” centros comerciales, caminar por la sexta cuando hay afluencia, ya no vamos a ir a conciertos, discotecas ni bares. Se trata de salir a un parque, un bosque, un lago, de estar al aire libre, de evitar las aglomeraciones y los espacios cerrados.

Para quienes tienen que ir al trabajo, en lo posible, hacerlo sin utilizar el transporte público, si es que hay esta opción. Y aunque hay disposiciones para reducir el aforo de los buses, los pickups, los taxis, medios de transporte propicios al contagio por la aglomeración de gente. Para peor, en la temporada de fin de año, el clima frío en el altiplano hace que la gente cierre las ventanas y con eso aumenta el contagio. Mucha gente piensa que lo correcto es caminar más que antes o usar más las bicicletas, las motos y hasta las patinetas para evitar los espacios cerrados propios del transporte de pasajeros.

Lo que sí es claro es que hemos aprendido a lavarnos las manos con jabón y mucha espuma al menos durante 20 segundos. Esto es especialmente importante después de tocar pantallas de celulares y, especialmente, de cajeros electrónicos, dinero, pasamanos, manijas, pomos de puertas, bolígrafos, dispensadores de jabón (si, los dispensadores son fuente de contagio y hay que lavarse muy bien con el jabón dispensado).

Y tal vez el nuevo y más difícil hábito que tenemos que aprender es el de saludar sin estrechar las manos, sin abrazos y sin besos. Lo mejor es saludar como en Oriente con una venia, si eso resulta un tanto extraño, no debemos ir más allá tocarnos con los codos.


Evolucionamos como especie para tener contacto constante entre nosotros, comunicarnos y así compartir ideas. Aunque el precio de compartir ideas es el de compartir gérmenes, con el lenguaje y las ideas hemos creado el mundo humano en que habitamos. Por eso nos resulta difícil adoptar estos nuevos hábitos, pero afortunadamente la mayoría de la gente entiende la amenaza mortal del virus y que, al cuidarse, está cuidando a su familia, a sus vecinos y a su comunidad.


Alberto Rivera


#covidbuenaspracticas #quedateencasa #covidvacuna #covid ≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈≈

Referencias

El uso de las mascarillas podría generar inmunidad al covid-19, según estudio de la Universidad de California https://cnnespanol.cnn.com/2020/09/14/el-uso-de-las-mascarillas-podria-generar-inmunidad-al-covid-19-segun-estudio-de-la-universidad-de-california/

Coronavirus masks: What’s the latest evidence? https://examine.com/topics/coronavirus-masks/#summary2-0

Facial Masking for Covid-19 — Potential for “Variolation” as We Await a Vaccine. New England journal Of Medicine. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp2026913

Evaluating the Effectiveness of Social Distancing Interventions to Delay or Flatten the Epidemic Curve of Coronavirus Disease. Volume 26, Number 8—August 2020. Center for Disease Control and Prevention. https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/26/8/20-1093_article

Low risk of SARS-CoV-2 transmission by fomites in real-life conditions. The Lancet, September 29, 2020. https://doi.org/10.1016/S1473-3099(20)30678-2

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