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  • Alberto Rivera

Exportar las aguas residuales o poner en peligro la salud de nuestra gente, ahí está el dilema

Actualizado: 24 de feb de 2019



La contaminación de muchas fuentes

Un vecino de San Pedro La Laguna, Francisco Quiacaín, señala que el deterioro ambiental en el lago Atitlán es “un problema multicausal.” Y ciertamente la degradación de la calidad del agua del lago obedece, entre otras cosas, al crecimiento demográfico, la tala de bosques por la expansión de la frontera agrícola, la siembra en lugares demasiado pendientes, la erosión de suelos que por su origen volcánico tienen un alto contenido de fósforo (y que, además, por sus propiedades físicoquímicas atrapan el fósforo de los abonos sintéticos que se les han aplicado por décadas).


Así mismo, el crecimiento demográfico (somos más de 300 mil en la cuenca y en 30 años seremos el doble) ha llevado a que entren más de 400 litros por segundo de aguas residuales al lago, eso diariamente son unos 166.000 toneles de 55 galones de agua. El lago anteriormente experimentaba eventos altamente contaminantes como el huracán Stan, luego tenía períodos sin entrada de nutrientes que le permitían recuperarse. Esa es la resiliencia. Pero esa tregua hoy ya no existe. La entrada de nutrientes no da cuartel.


Estas aguas altamente contaminadas con patógenos, tienen una importante cantidad de fósforo y nitrógeno, además del carbono orgánico que multiplica el crecimiento de las bacterias en el agua. Todo esto sin incluir los tóxicos que entran al lago con la aplicación indiscriminada de agroquímicos en los campos de cultivo, o la contaminación por la mala disposición de baterías con cromio, cadmio o litio, para no mencionar el plástico y el duroport.


Una solución con requisito

A ese problema multicausal hay que darle solución. Y esa solución debe llenar un requisito que los científicos han identificado: al lago no deben entrar más contaminantes (nitrógeno, fósforo, etc) pues estos son alimento para la cianobacteria, las coliformes y afines. Es decir, se trata de un problema de salud pública y hasta ahora no hemos escuchado de una solución que cumpla con esta condición.


En San Pedro la Laguna y Santiago Atitlán, las fosas sépticas se están colmatando y los vecinos están pagando cara la extracción de lodos y aguas servidas. Los inodoros secos son una solución limitada para algunos lugares aislados, pero no son viables en los centros urbanos. Además, la disposición final de los sólidos de estos inodoros (y de las aguas de las fosas sépticas) es problemática porque tiene helmintos, huevos de parásitos que siguen activos por 7 años y que pueden contaminar cualquier fuente de agua. Es decir los lodos y aguas servidas de las fosas sépticas, las letrinas y los inodoros secos deben sacarse de la cuenca del lago.


De otra parte, como lo hemos visto las mejores plantas de tratamiento en Suiza contaminan el lago pues el agua tratada tiene nitrógeno y fósforo (además de fármacos, disruptores endocrinos, inhibidores de corrosión, biocidas y pesticidas, para no mencionar parásitos como E.coli y otros). Entonces ¿qué hacer con las aguas tratadas? Habría que contemplar alternativas y una de ellas es exportar el agua fuera de la cuenca, tratarla y disponer de ella de manera adecuada pues no se debe descargar en el río Madre Vieja ya que lo contaminaría (más).


Disposición final del agua tratada

Una opción es que el agua fertilizada (contaminada) se utilice para riego en árboles, frutales, cereales o para forraje. Esto se hace en más de 2,5 millones de hectáreas en América Latina. Hay algunas restricciones dependiendo del tipo de tratamiento que se le dé a las aguas servidas pues pueden infectar las verduras (lechuga, espinaca, repollo, etc) y los tubérculos (yuca, malanga o papa). Teniendo esto en cuenta, las aguas tratadas se podrían usar en el bosque de una reserva natural, en ciertos cultivos de 600 familias de pequeños agricultores de la finca San Julián o en las plantaciones de café, caña o hule de la bocacosta.


Si la utilizan los pequeños agricultores, se puede pensar que, dados los recursos limitados que ellos poseen, no se les cobre nada por usar esta agua con fertilizante pues, ademas de nitrógeno y fósforo, tiene potasio. Sería una especie de subsidio a la producción. Sin embargo, habría que ver si pueden utilizarla toda y durante todo el año.


De esta manera, si sobran aguas tratadas, se les pueden vender a los monocultivos de los grandes empresarios que inevitablemente sufrirán las sequías por el cambio climático y necesitarán agua a como dé lugar. Entonces, se puede negociar con los empresarios el pago por el servicio ambiental del agua y por el fertilizante. Los fondos así recaudados se podrían comprometer a un uso específico como proveer de agua potable a todos los habitantes de la cuenca o subsidiar parte del costo del suministro y tratamiento de aguas a los pobladores con menos recursos.


El dilema

La descarga de aguas residuales en el lago afecta directamente la salud pública de más de 100 mil pobladores de la cuenca sur que usan diariamente el agua del lago para bañarse, cocinar y beber. Exportar las aguas residuales o poner en peligro la salud de nuestra gente, ahí está el dilema.

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